LA CASTA SANTACRUCEÑA
Mientras miles de santacruceños hacen malabares para llegar a fin de mes, en los pasillos del poder, parece seguir funcionando la vieja política de siempre: Los políticos de Santa Cruz negocian favores personales y acomodos a cambio de sus manos. cargos y nombramientos que aparecen justo cuando algunos votos en el Congreso pasan a ser decisivos.
2 de Junio de 2026
La polémica por la designación de la esposa del diputado nacional José Luis Garrido en una dependencia del PAMI en Villa María, Córdoba, volvió a poner sobre la mesa una práctica que la sociedad dice rechazar desde hace años: la utilización de la política como una agencia de colocaciones para familiares, allegados y militantes.
En paralelo, también quedaron bajo la lupa nombramientos vinculados al entorno de la senadora Natalia Gadano, incluyendo asesorías cuestionadas por su perfil y antecedentes.
Cuando los votos de legisladores nacionales se transforman en piezas clave para negociaciones de poder, cualquier nombramiento genera una pregunta inevitable: ¿se legisla para representar a Santa Cruz o para acomodar intereses propios?
La situación expone una contradicción difícil de explicar. Muchos dirigentes llegaron al Congreso prometiendo terminar con los privilegios de la casta política.
Sin embargo, cada nuevo nombramiento de familiares, asesores cuestionados o personas cercanas al círculo de poder alimenta exactamente aquello que decían combatir.
Santa Cruz necesita legisladores ocupados en defender los recursos de la provincia, generar empleo, impulsar obras y resolver problemas concretos. Pero cuando la discusión pública termina girando alrededor de cargos, contratos y acomodos, el mensaje que recibe la sociedad es devastador: primero los amigos, primero los familiares, primero la política.
La verdadera grieta no es entre oficialistas y opositores. Es entre los ciudadanos que trabajan todos los días y una dirigencia que parece seguir convencida de que el Estado es un botín para repartir.
Y cada nuevo nombramiento polémico no hace más que reforzar una sensación cada vez más extendida: la casta no desapareció. En algunos sectores, simplemente cambió de nombre.
