“Los mismos que hipotecaron Santa Cruz ahora se disfrazan de guardianes de la deuda”
El documento contra el endeudamiento por 600 millones de dólares que impulsa el gobernador Claudio Vidal agitó el tablero político santacruceño. Intendentes, diputados, senadores y dirigentes salieron a posar para la foto del “no a la deuda”, envueltos en discursos sobre el bolsillo de la gente, los salarios y la soberanía provincial. Pero detrás del acting republicano y las frases grandilocuentes, aparece una pregunta incómoda: ¿dónde estaban todos estos defensores del pueblo cuando Santa Cruz ya se endeudaba, rifaba recursos y vaciaba las cajas provinciales?
20 de Mayo de 2026
El documento lleva firmas pesadas: Pablo Grasso, Alicia Kirchner, Daniel Peralta, Antonio Carambia, José María Carambia, Natalia Gadano, Javier Belloni y otros dirigentes que hoy hablan de “hipotecar el futuro”.
Pero la memoria política en Santa Cruz no puede ser selectiva.
Porque muchos de los que hoy levantan la bandera antiendeudamiento fueron parte, cómplices o defensores silenciosos de los gobiernos que llevaron a la provincia a la ruina financiera. Los mismos que ahora se escandalizan con la deuda en dólares acompañaron durante años administraciones que fundieron las cuentas públicas, pulverizaron los históricos fondos de Santa Cruz y dejaron a la provincia dependiendo de parches permanentes.
Durante la gestión de Alicia Kirchner, el propio kirchnerismo intentó avanzar con endeudamiento en dólares en medio de una provincia incendiada socialmente, con salarios desdoblados, paros eternos y una crisis institucional feroz. En 2017, la gestión buscó emitir deuda y tomar financiamiento externo mientras Santa Cruz explotaba en protestas y graves incidentes en la Legislatura y en la residencia oficial.
No fue la ética financiera lo que frenó aquel endeudamiento. Fue el caos político y social. Porque la decisión de tomar deuda estaba tomada.
Y ahí no se escuchaban comunicados épicos ni solicitadas indignadas de muchos de los que hoy se rasgan las vestiduras hablando del “futuro de los santacruceños”.
El contraste se vuelve todavía más brutal cuando aparece el nombre de Daniel Peralta. El mismo Peralta que hoy firma documentos contra la deuda fue protagonista de una de las etapas más oscuras de las finanzas provinciales. Bajo su gestión se repatriaron los famosos fondos de Santa Cruz —más de 500 millones de dólares originados por regalías petroleras que habían sido enviados al exterior durante el gobierno de Néstor Kirchner— y esos recursos desaparecieron entre déficit, gasto corriente y una provincia que jamás logró ordenar sus cuentas.
La historia terminó como todos recuerdan: salarios en cuotas, crisis estructural, conflicto permanente y una provincia detonada.
También fue durante aquellos años cuando se instaló el temor por el posible avance sobre la Caja de Previsión Social, uno de los temas más sensibles de Santa Cruz, mientras el Estado provincial hacía agua por todos lados.
Ahora, muchos de esos mismos dirigentes intentan pararse del lado de la prudencia fiscal, como si fueran recién llegados a la política y no protagonistas centrales de décadas de desmanejo.
Eso no significa que el proyecto de Claudio Vidal no merezca debate. El endeudamiento por 600 millones de dólares genera preocupación real: el gobierno pretende garantizarlo con regalías hidrocarburíferas, recursos mineros y coparticipación, con plazos de hasta 15 años.
Pero el problema político no es solamente la deuda.
El problema es el nivel de hipocresía.
Porque Santa Cruz no está quebrada desde ayer. La provincia arrastra décadas de saqueo político, improvisación y gobiernos que administraron miles de millones mientras destruían salarios, obra pública y servicios básicos. Y gran parte de los que hoy hablan como fiscales de la moral financiera fueron actores directos de ese modelo.
Ahora descubrieron el peligro del dólar.
Ahora descubrieron que endeudarse puede hipotecar el futuro.
Ahora descubrieron que la gente no llega a fin de mes.
Demasiado tarde.
